La Costa Vasco-Francesa: croissants, txapelas y mucho mar

15 de marzo, 2017

El País Vasco Francés, o Iparralde, es una tierra de tradiciones vascas y francesas. Pueblos y ciudades llenos de cultura, historia y exquisita gastronomía que merecen toda nuestra atención. Damos un paseo por Hendaya, San Juan de Luz, Bayona y Biarritz.

El País Vasco francés, o Iparralde en euskera, es una mancomunidad francesa limítrofe con el País Vasco. Debido a la historia en común de estos territorios, a día de hoy, implica sumergirse en la cultura vasco-francesa donde las ikurriñas, las construcciones vascas, la música y la tradición euskalduna conviven a la perfección con la gastronomía francesa, las camisetas marineras y el Oh lalá francés. Efectivamente, es lo que estás pensando. Lo mejor de cada casa.

Si nunca te has acercado hasta esta zona, es posible que estés pensando o planeando una escapada para conocerlo. Y si ya has estado, estamos seguros que cualquier excusa será buena para repetir.

Aquí os dejo algunos de mis lugares favoritos que podrás ver en un fin de semana.

1. Hendaya: Plan de mañana por la playa y embarcaderos de Sokoburu

La Costa Vasco-Francesa: croissants, txapelas y mucho mar - Hendaya: Plan de mañana por la playa y embarcaderos de Sokoburu

Empezamos la ruta por el primer pueblo que encontramos al cruzar la frontera de Francia. Dejamos atrás Irún y en cuestión de metros estamos en Hendaya. Este pueblo fronterizo, cuyo nombre proviene de “bahía grande”, fue en su día un importante centro pesquero hasta que su lonja fue vendida.

Este pequeño pueblo es especialmente conocido por su extensa playa de unos 3 km, por su balneario y por su proximidad con España, lo que lo convierte en un lugar de veraneo muy habitual para los del otro lado de la frontera; especialmente para los guipuzcoanos a los que se les calcula los propietarios del 50% de las viviendas de la zona. Además, Hendaya cuenta con una estación ferroviaria desde la que parte el tren de alta velocidad a París.

Tan pronto como crucemos la frontera atravesaremos la parte alta de este pueblo donde ya empezamos a absorber la esencia de Iparralde: un gran frontón, una iglesia, el ayuntamiento y numerosas tiendecitas gourmet y pequeños bares que bien merecen un paseo.

En nuestro transcurso hasta 'Hendaya playa' dejaremos a un lado la Bahía de Txingudi, formada por el estuario del río Bidasoa en el Mar Cantábrico, entre las localidades de Fuenterrabía e Irún (España) en la margen izquierda y Hendaya (Francia) en la derecha. 

Te proponemos que comiences el día paseando por la zona de Sokoburu y pasees entre los embarcaderos. Desde aquí podrás tomar un pequeño barco que te cruce en aproximadamente unos 15 minutos hasta la guipuzcoana localidad de Fuenterrabia (Hondarribia). Asómate al paseo de la playa y disfrútalo mientras te diriges hacia 'las gemelas', dos imponentes bloques de piedra muy similares que presiden el extremo de la playa. Cuenta la leyenda que Roldán lanzó una enorme roca desde las Peñas de Aya para destruir Bayona, pero resbaló y la roca cayó al mar partiéndose en dos y convirtiéndose en las famosas gemelas.

Si estás de suerte, podrás ver unos cuantos surfistas tratando de cabalgar las olas. En el mismo paseo de la playa podrás disfrutar imaginándote en algunas de las señoriales casas de piedra con jardín que permanecen impasibles al paso de los años. A mitad del paseo te sorprenderás con el Edificio Euskalduna, un majestuoso edificio que antaño fue hotel y a día de hoy sigue funcionando como apartamentos mientras sigue observando el paso, y los cambios del pueblo. En este punto, creemos que es el momento perfecto para una pequeña parada que nos permita degustar que ya estamos en Francia: acércate hasta la modesta panadería La Chocolatine. Si me dejas aconsejarte: pain au chocolat.

Foto vía Flickr A. Flecha

2. Hendaya: Una tarde por el Castillo de Abbadie y Jardines

La Costa Vasco-Francesa: croissants, txapelas y mucho mar - Hendaya: Una tarde por el Castillo de Abbadie y Jardines

Pero si no quieres marcharte de Hendaya sin ver las mejores vistas de la costa vasco-francesa has de subir hasta el Castillo de Abaddie. Se trata de un Château del siglo XIX construido por Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc en un estilo neogótico. Fue concebido a petición de Antoine d’ Abbadie de Arrast, astrónomo, explorador, antropólogo, lingüista y miembro de la Academia de las Ciencias.

En 1895, d’ Abbadie legó el Castillo a la Academia de las Ciencias, así como sus más de 250 hectáreas de terreno, a condición de que fuera dirigido por un sacerdote. Aunque Antoine d’ Abbadie era un fiel defensor de la cultura vasca, también fue un ardiente viajero y trajo plantas de distintos orígenes a su castillo, que posteriormente se esparcieron por los terrenos próximos creando pequeñas junglas, en ocasiones con toques tropicales.

Puedes visitar el interior del edificio, y además es muy recomendable, pero si hay algo que realmente merece la pena en este lugar son las vistas. Debido a la ubicación del castillo en lo alto de los acantilados de Hendaya, podemos observar todo el mar y el camino de la costa que llega hasta Biarritz. Además, si tenéis tiempo u os sentís con ganas de pasear, podéis realizar un recorrido del sendero del litoral del Domaine d’ Abaddie, 25 km de reserva natural que comunican Hendaya con Bidart a través e un precioso camino de costa y acantilados. Estoy segura de que no te arrepentirás.

Foto vía Flickr Luis Irisarri.

3. San Juan de Luz y Guethary: La esencia del veraneo en la costa francesa

La Costa Vasco-Francesa: croissants, txapelas y mucho mar - San Juan de Luz y Guethary: La esencia del veraneo en la costa francesa

¿Qué tal si para el día de hoy damos un paseíto más y nos acercamos hasta San Juan de Luz?

Esta población costera, que en el siglo XVII fue base para los corsarios vascos, es a día de hoy un relajado destino turístico de veraneo. Situado en una tranquila bahía con forma de media luna y con una amplia playa de arena fina, si hay algo que identifiqué a San Juan de Luz es la calle central de su casco: La Rue Gambetta. Siempre bulliciosa, siempre activa, divertida, llena de turistas, con numerosos puestitos en los que poder degustar ricos paninis, gofres, crepes y helados.

Recorre el paseo de la 'gran playa' para disfrutar de la esencia de San Juan de Luz en todo su ser, especialmente en verano. Esta playa tiene, además, dos grandes atractivos en su camino; en primer lugar el Gran Hôtel, un majestuoso edificio de 1909 de estilo neo-romántico y que a día de hoy todavía alberga un hotel de cinco estrellas con spa. Un poco más adelante nos encontraremos con el Casino La Pérgola, construido en estilo art decó.

Si la mañana invita a seguir paseando, continúa el dibujo de la playa hasta el Pointe de Sainte Barbe, desde donde podrás divisar el dibujo de la costa y las próximas calas. Si lo que buscas es practicar surf, puedes acercarte hasta las playas de Lafiténia para surfistas expertos, y hasta Cénitz para principiantes.

Dejamos la playa de lado y nos dirigimos hasta las callecitas del centro de la ciudad, donde las coloridas casas con tablones de madera sobre fondos blancos nos recuerdan dónde nos encontramos. Si te gusta ir de tiendas, puede que con la Rue de Gambetta, y las callecitas aledañas te vuelvas loco ya que puedes encontrar de todo: calzado, ropa, complementos y muchas tiendas gourmet.

Para estas alturas, estamos seguros que la tripa nos empieza a dar algún aviso de que necesita un almuerzo. La variedad de restaurantes en San Juan de Luz es muy amplia y puedes encontrar restaurantes y bares para todos los gustos. Personalmente, me cuesta elegir porque creo que la cocina de esta zona se caracteriza por un saber hacer sencillo que, sin embargo, resulta riquísimo. Si tengo que elegir alguno, te diría que si te apetece probar una cocina sencilla basada en el producto, te acerques hasta el Snack Bar Batela (Rue de Midi 24). Se trata de un pequeño local con terraza en el que poder disfrutar de platos de pescado fresco con arroz, patatas y ensalada. No es muy conocido así que no deberías tener problema en encontrar sitio. Si lo visitas, guarda sitio para la tarta de manzana de postre.

Otra buena y curiosa opción es la Tarterie Muscade. Un local especializado en el que sirven tartas de todo tipo dulces, saladas y veganas. Las tartas saladas son lo que conocemos como quiche lorraine y se sirven acompañadas de un poco de ensalada. Estamos seguros que su gran variedad no te dejará indiferente.

Y después de comer, seguimos apostando por alejarnos de los núcleos más turísticos y nos acercamos hasta el pequeñísimo, pero encantador, pueblo de Guethary. Esta pequeña localidad, de aproximadamente 2000 habitantes, es un antiguo puerto especializado en la pesca ballenera convertido actualmente en un lugar turístico entre los propios franceses y una meca para los amantes del surf.

Bastante más pequeño y exclusivo que su vecina San Juan de Luz, Guethary (Getaria en Euskera) es ideal para dar un paseo y sentarse en alguna de sus terrazas con vistas al mar para disfrutar del atardecer mientras tomamos algo, y si somos afortunados, disfrutamos de la música en directo. Uno de los más animados es el Kostaldea (zona de costa en euskera) una suerte de chiringuito de madera justo en la playa en la que se suele reinar un ambiente joven, informal y surfer. Nada como despedir el día con esas vistas, y si la tarde se nos alarga también podemos cenar algo aquí mismo, como por ejemplo unos 'mules amb frites', los tan franceses mejillones con patatas fritas. 

Foto vía Facebook Oficina de Turismo de San Juan de Luz.

4. Bayona: Una mañana entre mercados

La Costa Vasco-Francesa: croissants, txapelas y mucho mar - Bayona: Una mañana entre mercados

Comenzamos el día en Bayona, la más grande las ciudades que visitaremos en nuestro tour por Iparralde. Esta ciudad de actualmente unos 45.000 habitantes, fue fundada en el año 950 sobre las ruinas de un antiguo castro romano. En el siglo IX fue ocupada por los vikingos, de quienes los locales aprendieron los secretos de la construcción naval. Un siglo después fue recuperado por el Duque de Vasconia y formó parte de Aquitania durante años hasta que, en 1155, pasó a ser de dominio inglés y se convirtió en una ciudad portuaria. En 1451, volvió a ser terreno francés y en 1602 se les obligó a los judíos a abandonar los terrenos, aunque regresaron en 1789 y se establecieron en el barrio de Saint Espirit.

Así pues, a día de hoy Bayona desprende un poco de cada fase histórica acontecida en sus calles. Pasea por su casco urbano y juega a encontrar los restos de fortificaciones, que si bien en su mayoría están destruidas, todavía podemos encontrar algunos ejemplos como Porte d’Espagne (Puerta de España), el Château-Neuf (Castillo Nuevo), el Château-Vieux (Castillo Viejo) y la Ciudadela.

Bayona es una ciudad con aire relajado. Sus casas de colores y piedra, sus galerías rebosantes de exquisitos comercios y la vida que se genera entorno al río, nos traslada hasta la ciudad ballenera que fue antaño.

Para esta mañana de domingo, nada como acercarse hasta la Plaza del Mercado, donde realmente se le toma el pulso a la ciudad. Los locales que buscan los mejores productos para su cocina, se mezclan con turistas y curiosos que enloquecen ante la gran variedad de quesos. Fuera del recinto de la plaza, encontramos una gran variedad de terrazas en las que los franceses disfrutan de un aperitivo de lo más chic: habitualmente una copa de vino blanco y ostras, o en su defecto mejillones. Si tienes suerte, puede que ese domingo puedas disfrutar de un mercadillo en la misma plaza del mercado en la que encontrar libros antiguos, ropa y todo tipo de curiosidades.

Si para estas horas ya estás buscado un sitio donde comer, cualquiera de las terrazas de esta misma plaza pueden ser una gran opción para un plato combinado o un menú, si lo que buscas es algo más amigable con el bolsillo, puedes cruzar el puente y acercarte hasta el Lili Pasta & Gourmandise, un local en el que se ofrece una gran selección de pastas artesanales a buen precio. Pero mi recomendación personal es que, si te apetece disfrutar de una buena cocina vasco-francesa, te dirijas hasta la céntrica calle de Rue du Pilori donde podrás encontrar el Cafes Ramuntcho. A simple vista este local es una tienda gourmet con unas pocas mesas de terraza en las que poder disfrutar de un café y un dulce, pero si atraviesas la tienda y subes al piso superior podrás probar sus “platos del día” en el comedor de la parte superior. Un local discreto en el que lo que prima es la comida.

Foto vía Flickr Gonzalo Iza.

5. Biarritz: Una tarde en una ciudad señorial

La Costa Vasco-Francesa: croissants, txapelas y mucho mar - Biarritz: Una tarde en una ciudad señorial

Después de comer, nos acercamos hasta Biarritz. La ciudad de la jet set francesa, lugar de residencias reales y de algunos de los famosos más internacionales como Karlg Lagerfield o Jonny Deep. Probablemente sea la ciudad más francesa de la ruta propuesta, donde las playas son las reinas del turismo y el ambiente surfista empapa la ciudad.

No te puedes perder el Hotel du Palais, situado en la playa de la Cote Basque. Este hotel era un palacio que fue mandado construir por Eugenia de Montijo, mujer de Napoleon III, que tras visitar la ciudad se quedó prendada de ella. En el mismo paseo de la playa, encontramos el Casino, construido en 1929. Si continúas el paseo de la costa, y pasando un pequeño puerto de pescadores, llegamos hasta La Virgen de la Roca.

Cuenta la leyenda que un barco marinero trataba de volver a casa y se perdieron en una tormenta hasta que, fortuitamente, una luz les guió hasta tierra. En homenaje a aquel hecho, decidieron colocar una virgen en el lugar que había sucedido y Napoleón III mandó construir el puente que la comunica con tierra firme (el puente es conocido como el Puente Eiffel). Desde este mirador podrás ver una de las vistas más bonitas de la ciudad y, en días despejados, podrás alcanzar a ver la Costa Vasca (no te pierdas nuestra ruta por estos pueblos que te recomendamos en este post). Justo enfrente de la Virgen encontramos el Museo del Mar, y un poco más adelante, una pequeña playita que está integrada en el puerto viejo y da acceso hacia la calle Rue du Port Vieux donde comienza la vida comercial de la ciudad.

Si lo que buscas es ir de tiendas, has de saber que en Biarritz también hay una gran variedad, aunque ten en cuenta que funcionan con horario francés. Puedes acercarte hasta las Galería Lafayette para descubrir las últimas tendencias en moda, complementos y belleza.

Como va cayendo la tarde, te invitamos a que te acerques hasta la zona del Mercado Halles, que si bien ahora mismo estará cerrado, tiene una gran variedad de pequeños locales a su alrededor en los que poder tomar una copa, un café, picar algo, comprar quesos y productos locales o incluso comprar parte del mobiliario. Si tienes oportunidad de visitar el mercado durante el día, también merece la pena. 

Como sabrás Roma no se hizo en un día ni la Costa Vasco-Francesa se conquista en un fin de semana y por ello, estamos seguros de que querrás repetir tu visita para ver todo aquello que en esta ocasión nos estamos dejando en el tintero, como por ejemplo Ainhoa, Sare, Espelette u otros pueblos de interior de Iparralde de los que hablaremos próximamente.

Foto vía Facebook Turismo Biarritz.

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Monika Goikoetxea Comunicadora de profesión y viajera de vocación. Tras haberse movido lo que ha podido dentro de Europa, decidió que era el momento de liarse la manta a la cabeza y la mochila a la espalda y embarcarse en un viaje que le llevó a viajar siete meses entre Australia y el sudeste asiático. Siempre planeando una nueva aventura.