20 días en moto por Sudáfrica y Namibia (2ª parte): Entrando en Sudáfrica

19 de enero, 2017

Si te quedaste con ganas de saber más sobre el recorrido y la aventura que planteábamos en moto por Sudáfrica y Namibia... ¡no te pierdas esta segunda parte!

Si te encantó el post de "20 días en moto por Sudáfrica y Namibia", aquí tienes la segunda parte del recorrido ¡para que no te pierdas nada! 

En los días siguientes dejamos Namibia todavía con arena en las orejas para dirigirnos hacia el sur. La primera sensación de entrar de nuevo en la civilización fue la frontera sudafricana, con mucha más burocracia que la de sus vecinos y donde el truco de hacerte pasar 3 veces por tres ventanillas distintas para conseguir las 'estampitas' correspondientes, nos recordaba ya a un país más occidental. Durante los casi 1.000 kilómetros que tardamos en cruzar el país por su parte más corta el paisaje cambió radicalmente. Con el trópico de capricornio dejamos atrás el desierto para dejar paso a nuevos paisajes de llanuras verdes llenas de flores (el fondo de pantalla de Windows se fotografió en el Namaqua National Park, seguro) y sufrimos toda la gama climática sudafricana (de 40 grados a cero con un par de tormentas eléctricas entre medias), pero por lo menos nos libramos de la nieve.

Finalmente llegamos a CapeTown, la ciudad más al sur de Sudáfrica. Desde nuestra entrada en el país la rica cultura neerlandesa de los llamados 'Afrikaneers' se hace muy presente en los barrios de las ciudades y, casi todas las noches en las que buscábamos alojamiento, lo hacíamos en preciosas casas de particulares que hacían las veces de B&B improvisado. Además de unos desayunos caseros increíbles, nos deleitábamos con historias de la vida de sus habitantes, esas cosas que te llevas de los viajes y que te llenan más que cualquier souvenir.

La increíble ciudad de Cape Town se levanta frente al mar a los pies de una cadena de montañas que nos hacía pensar que estábamos en Pirineos. Afortunadamente no tuvimos que entrar al centro y lo único que hicimos fue bordearla porque... ¡qué caos! los cruces se sorteaban según la ley del morro más metido o del claxon más intimidatorio. La gente nos hablaba desde los coches y los niños, por supuesto, se lo pasaban en grande saludando una y otra vez.

1. Tiburones blancos en Gaans Bay

20 días en moto por Sudáfrica y Namibia (2ª parte): Entrando en Sudáfrica - Tiburones blancos en Gaans Bay

100 km después y tras atravesar uno de los puertos mas increíbles de mi vida, llegamos a Hermanus, un pueblecito costero mucho más tranquilo que la ciudad y donde tiramos de Lonely Planet para encontrar un backpackers muy curioso. Al día siguiente hicimos una parada obligatoria en Gaans Bay para ver tiburones blancos. La zona de Ciudad del Cabo es muy propicia para la vida de estos escualos (además de para una fauna marina muy variada) debido al cruce de corrientes frías y cálidas, tanto del Indico como del Atlántico. Normalmente pasan unos meses cerca de la Dyer Island, donde hay una colonia de focas que les asegura el alimento diario y, hacia septiembre, se mueven más cerca de la costa, lo que hace impracticable el baño a no ser que te sobre algún miembro y lo quieras donar a la madre naturaleza.

Se trata de una excursión no apta para corazones sensibles (como el mío) ya que te meten en una jaula y te sumergen en mitad del mar mientras lanzan toneladas de una papilla de pescado crudo que tiene un efecto llamada para los tiburones blancos tan poderoso como el del McDonalds para los americanos. 

2. Swazilandia, el reino perdido

20 días en moto por Sudáfrica y Namibia (2ª parte): Entrando en Sudáfrica - Swazilandia, el reino perdido

Y con la adrenalina a tope cogimos dirección al reino de Swazilandia. ¿Habéis visto El príncipe de Zamunda de Edie Murphy? Pues claramente la idea la cogieron de aquí.

Swazilandia es un pequeño estado dominado por una monarquía absolutista en la que el rey tiene derecho a elegir esposa entre las jóvenes de la población una vez al año, siendo ese acto uno de los más importantes y de mayor importancia para la población local. En la entrada al país unas bolsas llenas de preservativos nos informaban del gran enemigo al que el Gobierno intentaba derrocar, el elevado nivel de sida entre sus habitantes.

Swazilandia es un país bastante rural, lo más curioso es que éramos (literal) los únicos blancos que caminaban por su capital (Mbabane), pero más curioso todavía era que en uno de los pocos B&B de la ciudad ("Fairlady Mountains Lodge") nos hicimos amigos de Richard, un atleta Keniata de la selección de Reino Unido que estaba pasando una semana de vacaciones antes de volver a las competiciones. Tras charlar con él, se ofreció a acompañarnos al centro y enseñarnos una tienda de souvenirs así que decidimos acercarle en nuestro coche mientras llamaba al embajador de Reino Unido para que mandara a alguien que pudiera enseñarnos donde hacer nuestras compras. Al llegar al centro nos encontramos con un swazilandés del tamaño de un armario empotrado que era el encargado de que a Richard no le ocurriese nada durante su estancia en la capital y, durante unas horas, también de que a nosotros no nos faltaran los recuerdos del pequeño país. 

3. El Parque Kruger

20 días en moto por Sudáfrica y Namibia (2ª parte): Entrando en Sudáfrica - El Parque Kruger

El colofón a nuestro viaje por Sudáfrica fue el Parque Kurger, una inmensa reserva animal donde los animales pueden conservar su pequeño modo de vida entre la conquista imparable del ser humano. El recorrido por el parque se puede hacer en coche a tu ritmo sin depender de ningún tour organizado, así que decidimos dejar las motos fuera y alquilar un coche para ese día.

En los parques existen unas normas bastante estrictas para evitar que los turistas den alimento a los animales. Lo primero es la prohibición total de salir del coche o abrir las ventanillas excepto en los lugares señalizados, esto, junto con el límite de velocidad a 40-60km/h. Lo entiendes en cuanto te cruzas con el primer elefante, león o rinoceronte en medio de la carretera. Por otro lado, nadie puede circular por el parque a partir de las 6 de la tarde y, si llegas más tarde de esa hora, te ganas una multa que estuvimos a punto de probar. El parque Kruger está atravesado por una carretera asfaltada en perfecto estado de la que salen multitud de caminos de grava por los que te puedes perder durante horas y no cruzarte con ningún coche. Los elefantes cruzaban la carretera en manadas enormes para acudir al río a beber y, cuando les veíamos a dos metros de distancia del coche, no podíamos evitar pensar en lo fácil que le resultaría aplastarnos en plan 'hormiguilla', sobre todo después de ver como partían los árboles solo frotándose contra ellos. Esa noche dormimos en el Letaba Camp y con suerte, ya que era la última noche para la que tenían disponibilidad.

También fue la última noche de nuestro viaje y la última en la que disfrutamos del cielo estrellado de África, un mar de luz en el que hileras tridimensionales de estrellas te enseñan lo distinto que es el mundo según el punto desde el que mires, y nosotros nunca olvidaríamos ese punto, eso estaba claro.

 

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Iria Villar Marketiniana de profesión y motera de pasión (80% de motera y 20% de Indiana Jones). Hace años creó La Ruta Banguera, que no es más que el resultado de buscar el viaje perfecto, ese que dura toda la vida…en moto, claro.